Domingo 1 de febrero

Amor abundante

… el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo (v. 6).


La escritura de hoy: Filipenses 1:3-11 Amy Boucher Pye  escribe:

La última noche del campamento, mi yo adolescente sintió que llamaba la atención estando sola en medio de un grupo de campistas. Cuando uno de ellos se burló de mí, me dolió. Corrí de regreso a mi tienda y fingí estar dormida cuando la líder del grupo vino a verme. A la mañana siguiente, evité su intento de hablar sobre lo sucedido.

Más tarde, ella me escribió para ayudarme a comprender que Dios realmente se interesaba por mí. Citó a Pablo: «estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo» (Filipenses 1:6). Sentí que esas palabras estaban dirigidas específicamente a mí.

Pablo le escribió a la iglesia en Filipos, la cual había fundado hacía más de una década, para animar a los creyentes a arraigar su amor por Dios y los unos por los otros con «entrañable amor» (v. 9). Dios continuaría su obra en y a través de ellos al llenarlos de «frutos de justicia […] por medio de Jesucristo» (v. 11). En aquel momento, yo no entendía el contexto original, pero empecé a comprender que mi identidad como alguien amado por Dios provenía de conocer el amor de Jesús.

Dios desea que recibamos su amor y que este abunde en nosotros más y más. Al llenarnos de su gozo y paz, no solo lo conocemos más a Él, sino también su buena obra en nosotros.

Reflexiona y ora

¿Cómo te moldea saber que Dios completará la obra en ti? ¿Cómo puedes profundizar tu identidad en Cristo?

Dios, gracias por crearme.

Lunes 2 de febrero

Seguir humildemente a Jesús

… si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos (v. 3).


La escritura de hoy: Mateo 18:1-4 Matt Lucas  escribe:

Cerca de casa, hay un famoso jardín donde solemos pasear con un niño al que cuidamos. Su área favorita es el jardín infantil, que tiene una pequeña puerta lo suficientemente grande para que él corra a través de ella, pero lo bastante baja como para que yo tenga que agacharme. Él ríe mientras me arrodillo y atravieso la pequeña abertura para perseguirlo.

Esa puerta me recuerda la lección objetiva de Jesús en Mateo 18, donde hace acercar a un niño para explicar qué tipo de persona entrará en el reino de los cielos (v. 2). Fue un ejemplo audaz, ya que en la época de Cristo, ser niño implicaba ser insignificante y pasado por alto. A diferencia de hoy, sus opiniones y deseos no importaban. Jesús usa esa descripción para resaltar nuestra tendencia humana a buscar reconocimiento, poder e influencia.

Claro, Jesús no les pedía a sus discípulos que volvieran a ser niños, sino que señalaba los rasgos que caracterizan a quienes le sirven. El más importante es la humildad: la persona que «se [humilla] como este niño» (v. 4) y sirve a los demás.

La pequeña puerta del jardín es un recordatorio de que la humildad no nos surge naturalmente. Pero los creyentes en Jesús debemos ser así; seguir a nuestro Salvador, quien nos dejó ejemplo al «[tomar] forma de siervo» (Filipenses 2:7).

Reflexiona y ora

¿En qué áreas de tu vida buscas sobresalir para que te vean? ¿Cómo puedes aprender a vivir más parecido a Jesús?

Padre, perdona mi orgullo. Ayúdame a ser humilde.

Martes 3 de febrero

Enfocado en Dios

… mi Espíritu estará en medio de vosotros, no temáis (v. 5).


La escritura de hoy: Hageo 2:1-9 Karen Huang  escribe:

Al menos aprobó, pensó Julio. Había ayudado a su hijo con matemáticas, pero entre las tareas del hogar y el trabajo extra que su jefe le había asignado, estudiar juntos había sido difícil. Desanimado, pensó en su esposa fallecida: Lisa, tú sabrías qué hacer. No soy tan buen guardián del hogar como lo eras tú.

A una escala mayor, tal vez ese mismo desánimo sintió Zorobabel. Dios lo había llamado para liderar a los israelitas en la reconstrucción del templo. Cuando colocaron los cimientos, «muchos […] que habían visto la casa primera […] lloraban en alta voz» (Esdras 3:12). El recuerdo del glorioso templo de Salomón reapareció frente a aquella estructura más pequeña. El nuestro no es tan bueno, quizá pensaron todos.

Dios les dijo que se esforzaran, y agregó: «mi Espíritu estará en medio de vosotros, no temáis» (Hageo 2:5). Zorobabel podía cobrar ánimo con la presencia y la guía de Dios (v. 5). Además, prometió: «La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera» (v. 9), apuntando al momento en que Jesús mismo visitaría el templo (Juan 2:13-25).

Tal vez nos frustremos en las tareas que Dios nos encomienda, comparando nuestros resultados con los de otra época. Pero debemos enfocarnos en su plan para este tiempo; la obra y su propósito son suyos, no nuestros.

Reflexiona y ora

¿Qué tarea te ha dado Dios? ¿Cómo puedes enfocarte en Él mientras la llevas a cabo?

Dios, ayúdame a cumplir con lo que me encomendaste.

Miércoles 4 de febrero

Tesoro en el cielo

… nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar (v. 7).


La escritura de hoy: 1 Timoteo 6:6-12, 17-19 Kenneth Petersen  escribe:

Es común que quienes viajan al extranjero por primera vez empaquen demasiadas cosas. Temen estar lejos de casa y necesitar algo. Pero un artículo reciente habla de los problemas de sobrecargar el equipaje. Aconseja no llevar champú ni secadores de cabello (casi todos los hoteles tienen), y tampoco zapatos ni libros adicionales, que son voluminosos y pesados. El autor señala que, al cargar una maleta pesada por las calles adoquinadas de Europa, uno deseará no haber llevado tanto.

En cierto modo, es una metáfora adecuada para el consejo de viaje que da Pablo: «nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar» (1 Timoteo 6:7). El apóstol vincula esto con el problema de poseer demasiado, y advierte: «los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo […] que hunden […] en destrucción y perdición» (v. 9). Las personas de fe tienen un destino de viaje diferente, donde todo lo necesario lo provee Dios, «que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos» (v. 17).

Sería bueno recordar hoy que lo que acumulamos en la vida es insignificante. No podemos llevarlo con nosotros. Al ser «dadivosos, generosos» (v. 18), Pablo dice que «[atesoramos] para lo por venir». Este es el mejor consejo de viaje de todos, el secreto de «la vida eterna» (v. 19).

Reflexiona y ora

¿Cómo podrías «empacar menos» para la eternidad? ¿Qué tesoro podrías acumular para el cielo?

Dios, ayúdame a ser generoso.

Jueves 5 de febrero

Descanso renovador

Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga… (v. 11).


La escritura de hoy: Hebreos 4:1-4, 6-7, 9-11 Xochitl Dixon  escribe:

Durante una fiesta de cumpleaños, la pequeña Mia, de cinco años, disfrutó jugando, cantando «Cumpleaños feliz», comiendo y viendo a su amiga abrir regalos. Cuando todos salieron a jugar, dijo: «Mamá, ya me quiero ir». Agradecieron a sus anfitriones y, al salir, la mamá le preguntó qué le había gustado más. «Irme», respondió. Sonriendo, se quedó dormida antes de que doblaran la esquina.

Aunque no siempre nos damos cuenta, todos necesitamos descanso físico, mental y emocional. Dios también nos da reposo divino cuando aceptamos tanto la buena noticia de la salvación en Cristo como el descanso espiritual diario, a medida que el Espíritu nos da poder para vivir para Cristo por fe. Los que confían en Dios pueden depender de su presencia interminable, su poder ilimitado y sus promesas inmutables. Salvos por la obra de Cristo en la cruz, podemos descansar en la paz de su suficiencia (Hebreos 4:1-4) y experimentar el reposo divino como una garantía cumplida eternamente, ahora y cuando Jesús vuelva (vv. 5-8).

«Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas» (v. 10). Entonces, seguros en Cristo, podemos disfrutar de una vida llena de esperanza, entrega y obediencia amorosa. Solo Él puede brindarnos un descanso renovador, ayer, hoy y siempre.

Reflexiona y ora

¿Cómo creer en Dios te permite descansar en la seguridad de tu salvación, y reposar física, emocional y mentalmente cada día? ¿Qué te impide descansar en sus promesas?

Dios, gracias por ser mi reposo.

Viernes 6 de febrero

Pequeños comienzos

¿Pues quién ha menospreciado el día de las pequeñeces? Estos […] se alegrarán cuando vean la plomada en la mano de Zorobabel; estos son los ojos del Señor… (v. 10 lbla).


La escritura de hoy: Zacarías 4:1-10 Kirsten Holmberg  escribe:

En 1848, el ingeniero Charles Ellet Jr. pensaba cómo construir el primer puente sobre la Garganta del Niágara. Inspirado por un sueño, organizó un concurso de vuelo de cometas. Un adolescente estadounidense, Homan Walsh, ganó cinco dólares cuando su cometa aterrizó en el lado canadiense del río. Ataron la cuerda a un árbol y esta se usó para tirar de un cordón liviano de regreso al lado opuesto, seguido de cuerdas progresivamente más pesadas, hasta que se consiguió un cable de alambre resistente. Así comenzó la construcción del puente colgante.

Esos pequeños comienzos reflejan lo que enfrentaron los que trabajaban en la reconstrucción del templo de Dios cuando regresaron del cautiverio. Un ángel despertó al profeta Zacarías diciéndole que nada impediría la obra de Dios: todo se cumpliría «con [su] Espíritu» (Zacarías 4:6). Algunos que habían visto la gloria del primer templo temían que la nueva versión fuera inferior (Esdras 3:12), pero el ángel animó a Zacarías: «¿Pues quién ha menospreciado el día de las pequeñeces? Estos […] se alegrarán […]; estos son los ojos del Señor» (v. 10 lbla).

Aunque las tareas que Dios nos encomienda parezcan insignificantes, encontremos ánimo en saber que Él usa cosas pequeñas —como cometas— para realizar sus grandes obras.

Reflexiona y ora

¿Cómo te alienta saber que las obras de Dios comienzan como pequeñeces? ¿Cómo podrías confiar en su fidelidad?

Padre, gracias por ser fiel a tus planes.

Sábado 7 de febrero

¿Fuentes o desagües?

Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores… (v. 3).


La escritura de hoy: Filipenses 2:1-4, 14-20 Adam Holz  escribe:

A veces, un poco de sabiduría llega cuando menos lo esperamos. Esto me ocurrió mientras leía un artículo sobre el jugador de fútbol americano Travis Kelce. Frustrado, un entrenador le dijo: «Cada persona que conoces en este mundo es una fuente o un desagüe». Tal vez te imagines cuál de los dos era Kelce…

Quizá todos tenemos un poco de ambas características, pero según el momento, probablemente actuamos de una manera o de la otra. Y nuestro llamado a seguir a Jesús implica ser más fuente y menos desagüe.

En Filipenses 2, Pablo nos desafía a imitar la humildad de Jesús y a enfocarnos en los demás. Contrasta lo que drena vida de los demás con lo que los llena: «Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros» (vv. 3-4). Y más adelante, añade: «Haced todo sin murmuraciones y contiendas» (v. 14).

¿Cómo se comporta alguien que es un desagüe? Es egocéntrico y arrogante; se queja y discute. ¿Y el que es una fuente? Pablo dice de Timoteo: «a ninguno tengo […] que tan sinceramente se interese por vosotros» (v. 20).

¿Estamos siendo más como una fuente o un desagüe? Reflexionemos en esto mientras buscamos bendecir a los demás.

Reflexiona y ora

¿Qué puede hacer que te sientas más como un desagüe que como una fuente en tus relaciones interpersonales? ¿Cómo puedes ser más una fuente para otros?

Padre, ayúdame a ser una fuente de vida.

Domingo 8 de febrero

Cuando el amor aparece

Sin falta le darás [al necesitado], y no serás de mezquino corazón cuando le des… (v. 10).


La escritura de hoy: Deuteronomio 15:7-11 James Banks  escribe:

«¿Por qué lloras?», preguntó un voluntario de un ministerio cristiano de ayuda humanitaria que atendía a personas cuyas casas habían sido destruidas por el huracán Helene. La mujer, que había estallado llorando momentos antes, respondió: «No lloro porque perdí todo. Lloro porque el amor acaba de aparecer».

El corazón de Dios se manifiesta en su deseo de que ayudemos a los necesitados. Cuando Moisés le entregó al pueblo de Israel las instrucciones de Dios antes de entrar en la tierra prometida, dijo: «no endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano contra tu hermano pobre, sino abrirás a él tu mano liberalmente, y […] le prestarás lo que necesite» (Deuteronomio 15:7-8). Su corazón debía reflejar el de Dios: «no serás de mezquino corazón cuando le des» (v. 10).

Ya sea en catástrofes o en la vida cotidiana, cuando damos a los necesitados por las bendiciones que Dios nos ha concedido, manifestamos el amor de su Hijo, quien vino «a dar buenas nuevas a los pobres» (Lucas 4:18). De hecho, Dios promete bendecir, tanto en esta vida como en la venidera, a quienes compartan su generosidad con otros (Deuteronomio 15:10; ver Lucas 14:14). Aunque no podemos ver a Dios todavía, otros pueden vislumbrarlo cuando imitamos su compasión. Que su amor aparezca hoy a través de nuestra bondad.

Reflexiona y ora

¿Cómo te ha mostrado Diosbondad en tus necesidades? ¿Cómo podrías mostrar hoy el amor de Dios a alguien necesitado?

Padre, que puedan ver tu amor en mí.